Entre bruma y grafiti: el misterio de los ojos de Jack

Antes de leer

Escribí este relato queer, flash fiction, ambientado en Fitzroy, Melbourne. Exploro las posibilidades de una pareja se conoce poco o nada. Es apto para mayores de 16 años, young adult.

El relato

Liam, con un aire de frescura en su rostro, se preparaba para encontrarse con su novio Jack. Celebraban su primer aniversario y habían acordado pasar la noche en uno de los bares de Smith Street. Después de salir de su departamento en Abbotsford, notó que el inner city estaba concurrido. Pero en lugar del bullicio habitual, se posicionaba un silencio que opacaba todas las distracciones. Los adolescentes no estaban riendo. las reuniones de amigos y de parejas celebraban en silencio. Hasta la gente sin hogar y los drogadictos dejaron de gritar. Era como si algún desastre humano estuviera en curso, un desastre ligado a la incomunicación.

A través de la niebla que entristece los callejones, las luces de un viejo Cadillac le indicaron que Jack había llegado. Tras aplicarse un último toque de rubor en sus mejillas, caminó y se subió al coche en busca de su enamorado. El alley, como casi todos los del inner city estaba plagado de graffiti. Una luz anaranjada de un neón iluminaba el rostro lampiño de Jack, que conservaba las facciones de la adolescencia. Cuando Jack le entregó un ramo de flores blancas, a Liam le parecieron orejas humanas bajo esa luz cálida.

—Tan radiantes como tu sonrisa —, dijo Liam, riéndose del espécimen botánico. Además, los pétalos parecían jugar con el brillo de los ojos de Jack. Irradiaban un tono ocre, como si sus pupilas se tragaran toda la luz del callejón.

El estilo de Jack era el que se conoce como grunge, pero Liam lo llamaba chico malo noventero. Usaba chupitos, chaquetas de cuero y borcegos, incluso en verano. Eso, y el olor al cuero le habían cautivado. Liam sabía que Jack trabajaba en una floristería y era el oficio menos adecuado para alguien que interpretaba al chico rudo. Se sonrió juguetón y lo besó.

Jack encendió el cobre, mientras subía el volumen a la cancion In This Dark Time de Aime Simone.

La noche era húmeda, asediada por luces difusas de los negocios; y por la niebla, que en realidad en parte era humo y se había hecho parte del paisaje en los últimos años sin que nadie protestara. Sí, se estaban quemando los bosques. La temperatura alcanzaba récords de 43°C en verano, pero en las noticias se prefería hablar de las personas ‘felices’ que se enfermaban con cáncer de piel en las playas.

En pocos minutos estacionaron el coche en las afueras de Mollie’s, un de más de dos décadas. Aquella noche había un espectáculo de drag queens.

—Un momento. Quiero fumar —, dijo Jack, abandonando a Liam dentro del auto.

Liam a veces se preguntaba por qué en la comunicación con su novio existían muchos silencios. Desde que se subieron al Cadillac hasta llegar a su destino, no habían compartido más que caricias y silencios. Era telepático, sentía que tenían muchas cosas que decirse, pero no sabían cómo hacerlo. Miró a través del retrovisor del asiento del conductor, de Jack solo podía ver una silueta, una sombra y dos ojos amarillos encendidos.

Nunca antes se había preguntado por qué los ojos de Jack tenían un aspecto animal. Eran como los de esos zorros que te miran desde los rieles de los trenes, desesperados, salvajes y perdidos. ¿Eso era normal? ¿Lo era él o lo eran los drags queens con el lenguaje directo? Lo cierto es que esos ojos brillantes eran parte del conjunto de Jack.

—Toc, toc —, sonó la ventana. Liam abrió la puerta y percibió un almizcle que salía del pecho de Jack, un sudor masculino, bestial que salía de la chaqueta de cuero.

Jack le extendió la mano fría para ayudarlo a salir del vehículo.

—Gracias, amor —, respondió Liam, besando debajo del oído de Jack; percatándose de que, si su rostro no tenía pelos, el cabello le parecía crecer incluso por la espalda como una crina de una criatura feral.

En el interior de Molly’s las luces estaban apagadas, solamente el escenario estaba iluminado con una atmósfera púrpura en la que hacía su espectáculo una figura andrógina con un vestido largo de lentejuelas verdes. Liam fue por cervezas. No podía evitar mirar a los ojos resplandecientes de su pareja al otro lado del bar, eran como fuegos fatuos amarillos y profundos; y siempre parecían mirarlo, incluso cuando parecía conversar con otros.

—Disculpa. ¿Puedes ver a ese hombre? El rubio de camisa blanca, chaqueta de cuero negro —, le dijo Liam al bartender.

—¿Qué pasa con él? —, respondió el bartender, mientras dejaba dos jarras grandes de cerveza sobre la barra.

—No sé. Hay algo en su cara me resulta extraño —, dijo Liam.

El bartender se molestó: frunció el entrecejo, apartó la vista y atendió a alguien más.

—Me refiero a sus ojos. ¿No los notas diferentes? —, insistió Liam.

—No hay nada malo con sus ojos —, dijo el bartender, acercando la bebida al chico asiático que llevaba el crop top negro.

Al regresar, Liam notó que Jack no estaba, pero le había dejado una nota, —espera ahí. Ahora regreso, estaré en el área de fumadores —, lo había leído en voz alta. Sin hacerle caso, Liam se dirigió hacia el lugar.

En un rincón, tres destellos se confundían entre sí. Uno era el cigarrillo consumiéndose, los otras dos eran los ojos de Jack que parecían tragarse la luz y convertir el mundo en un lugar de tinieblas.

Atemorizado, con pasos lentos para no tropezar, Liam atravesó el lugar hasta llegar donde estaba Jack. Le entregó la cerveza y dio un sorbo a la suya. El silencio entre los dos se rompió con la sonrisa de Jack, la cual parecía extenderse de oreja a oreja; era como si no tuviera una boca, pero sí un hocico.

—Creo que no formulas la pregunta adecuada, Liam —, dijo Jack.

—¿A qué te refieres con la pregunta adecuada? —, dijo Liam, acomodando se su camisa. —¿No quieres ver el show?, —dijo.

—No eres humano, eres un hombre lobo. Hace seis generaciones que nos mezclamos con humanos para sobrevivir. Y para no perder nuestras tradiciones nos buscamos entre los descendientes de los primeros. Además, durante las noches de luna llena nos transformamos en hombres lobo. Pronto lo entenderás —, concluyó diciendo Jack con una sonrisa lobuna en su rostro.

One response to “Entre bruma y grafiti: el misterio de los ojos de Jack”

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    Liked it alot. 10/10

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