
Antes de leer
No puedo iniciar este cuento de Literatura Infantil y Juvenil (LIT) sin antes develar mi fascinación por los lobos. Son símbolo de lo místico en lo salvaje: devotos de la luna, criaturas protectoras del bosque y antagonistas milenarios del hombre.
Es apto para lectores de 9 a 11 años, junior fiction.
El cuento
Érase una vez una manada de lobos que tenía una vida pacífica en el bosque. Vivían en armonía con los demás animales y las aldeas cercanas.
El más joven de ellos era querido por todos. Siempre dispuesto a compartir su caza con los débiles de la manada. Nunca se aprovechaba de un animal herido. Y era el primero en proteger los límites con la aldea humana, evitando los ataques a los rebaños de los granjeros y la intromisión de cazadores al bosque.
Era un gran lobo con pelaje negro y ojos anaranjados que brillaban desde los arbustos, fuegos fatuos del bosque siempre ardiendo. Por ello, las criaturas del lugar le conocían como Ojos de Fósforo.
Un día, mientras Ojos de Fósforo paseaba por los límites del bosque, fue visto por una joven humana llamada Mara. Al ver a un animal tan grande y feroz, Mara recordó todas las historias de lobos que le habían contado en la aldea.
—No me hagas daño, por favor —suplicó Mara, retrocediendo y sentándose sobre la hojarasca, mientras se apoyaba contra un árbol y extendía sus manos.
Ojos de Fósforo acercó su nariz húmeda y lamió las manos de la humana. Sus ojos anaranjados brillaban con ternura.
Al ver que el lobo no le hacía daño, sino más bien le hacía cosquillas con su lengua, Mara poco a poco dejó de temerle.
Ojos de Fósforo agarró cuidadosamente con su hocico la manga del vestido de Mara y la ayudó a levantarse.
Mara, sin decir nada, sonrió y acarició el pelaje detrás de las orejas del lobo. —Eres un animalito muy guapo —dijo la humana mientras buscaba algo entre sus cosas. Sacó un pastel de carne y se lo entregó.
El lobo se comió el pastel y luego caminó junto a ella a través del bosque. Como las criaturas del bosque le apreciaban, no le hicieron daño a Mara. Al llegar al final del paseo, Ojos de Fósforo se despidió de Mara y volvió a adentrarse en el bosque.
Mara no dejaba de pensar en el lobo negro que había conocido en el bosque. Al día siguiente, preparó un pastel por si se encontraba con el lobo. Fue al lugar donde lo había visto y nuevamente vio los misteriosos ojos anaranjados aparecer entre los arbustos.
—Hola lobito. Ojalá pudieras hablar —dijo Mara y le acarició detrás de las orejas. Le brindó el pastel de carne que había hecho especialmente para él.
El lobo comió feliz y le acompañó como su protector hasta el lugar donde lo había dejado antes.
Así pasaron varios días. Mara entraba al bosque con un pastel de carne y Ojos de Fósforo siempre regresaba a encontrarla en el mismo lugar, la acompañaba y luego se despedían.
A Mara le gustaba que podía contarle muchas cosas al lobo, y este parecía responderle solo con su mirada o prestarle toda la atención sin poder decir nada.
Un día, mientras Mara y Ojos de Fósforo estaban paseando, un pretendiente de Mara llamado Alex los vio. Él se dio cuenta de que Mara había cambiado y ya no le prestaba atención. La veía feliz con su compañía.
El celoso pretendiente se juntó con unos cazadores y puso una trampa para atrapar al lobo. Los cazadores aceptaron ayudar al pretendiente con la condición de que, si lograban atrapar al lobo podrían quedárselo como trofeo de caza.
La mañana siguiente, Mara no encontró al lobo y enseguida pensó que algo le había pasado. Así que fue a buscarlo, pero no lo encontraba por ningún lugar. Mara recorrió todo el bosque sin encontrar rastro del lobo. Se quedó hasta la noche, cuando escuchó unos pasos y vio a una misteriosa mujer.
—Jovencita, ¿qué haces sola en este bosque? No sabes que en la noche no hay que andar por el bosque —dijo la mujer encapuchada, acercándose a Mara.
—Este bosque no me asusta. Busco a mi amigo lobo. ¿Lo has visto? Es muy amable y tiene el pelaje negro —respondió Mara con una voz preocupada.
—Creo que lo vi por allá —dijo la mujer mientras señalaba una cabaña en medio del bosque—. Pero ten cuidado, el bosque está lleno de peligros en la noche.
Mara agradeció a la mujer y cuidadosamente se acercó a la cabaña. En el interior encontró al lobo encerrado y al lado, sentados alrededor de una mesa, Alex y los cazadores.
—Liberen a mi lobo. ¿Por qué han hecho esto? —Mara irrumpió en el lugar y exigió con firmeza.
—¿Por qué este animal es tan importante para ti? Desde que me dejaste de hablar, te vi cambiar y solo entrar al bosque a encontrar a este inútil lobo —respondió Alex con una sonrisa burlona.
—No es un lobo inútil. Es mi amigo y lo quiero —dijo Mara con determinación.
Al escuchar que ella quería al lobo, Alex y los cazadores se enfadaron. Se notaban sus malas intenciones. Los cazadores comenzaron a reírse y a burlarse de Mara, mientras que Alex avanzaba amenazante.
La mujer con la que se había encontrado en el bosque resultó que era una ninfa hija de un señor del bosque. Lo había escuchado todo y fue al rescate de Mara y Ojos de Fósforo. Puso un poderoso hechizo sobre Alex y los cazadores, transformándolos en criaturas diminutas hasta que aprendieran a respetar a todos los seres vivos.
En cuanto Ojos de Fósforo estuvo libre, corrió hacia Mara. Y al ver todo el afecto que se demostraban, la ninfa convirtió al lobo en un humano, para que le pudiera hablar y permitiéndole volver a su forma de lobo cuando él quisiera.
—Gracias por salvarme, Mara. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí —dijo Ojos de Fósforo mientras se transformaba en un hombre.
Mara sonrió y le dio un fuerte abrazo a Ojos de Fósforo. —Siempre estaré aquí para ti, lobito —respondió Mara.
Algún tiempo después, Mara y Ojos de Fósforo formaron una familia y vivieron una vida feliz. Tuvieron muchos hijos y nietos, todos ellos heredaron la magia de Ojos de Fósforo, un lobo algo humano.